La Academia Guiu abrió en Barcelona en 1892. Es una fecha que cuesta situar: faltaban seis años para la pérdida de Cuba, el Passeig de Gràcia aún estaba en obras y la Sagrada Família llevaba una década de construcción.
Lo que sigue es la historia de la academia contada por la propia familia, a partir de la entrevista que hicimos a Manuel Guiu, nieto del fundador.
1892: un licenciado en ciencias que empieza dando clases
Manuel Guiu Casanova nació en Barcelona y se licenció en ciencias. Empezó a dar clases para ganarse la vida y acabó montando una academia. No había un plan de negocio detrás: había un profesor con alumnos.
El primer local estuvo en la calle Pelayo, y el proyecto nació orientado a las familias burguesas de la ciudad. Por aquellas aulas pasaron, según el relato familiar, nombres como el arquitecto Batlló o el Marquès Robert.
Passeig de Gràcia, cuando todavía era una obra
La academia se expandió hasta el Passeig de Gràcia, que por entonces seguía en construcción. En esa etapa se hizo conocida por una especialidad muy concreta: formar ingenieros y arquitectos.
No era un reconocimiento fácil. «A pesar de las numerosas dificultades que suponían para los catalanes el reconocimiento de su prestigio en otras comunidades españolas en aquellos tiempos», apunta Manuel Guiu sobre ese periodo.
Y hay un detalle que explica bien cómo funcionaba el prestigio académico entonces. Los títulos expedidos en Barcelona no tenían validez, pero los de la Escuela de Ingenieros de Vilanova i la Geltrú sí. Muchos estudiantes se examinaban allí y venían a prepararse aquí, recomendados por la propia escuela de Vilanova.
Los libros que salieron de las aulas
En aquellos años llegaron a la academia los padres Escolapios, que impartieron religión y filosofía. Y se produjo un encuentro que cambió las cosas: la amistad con Eduardo Vitoria, el jesuita fundador del IQS.
De ahí salió el contacto con la editorial Bosch y una serie de libros de matemáticas que se usaron en varias universidades del territorio. Fue un punto de inflexión: la academia dejó de ser solo un lugar donde se preparaban exámenes y pasó a producir el material con el que otros estudiaban.
La Primera Guerra Mundial, de forma inesperada
La guerra no golpeó a Cataluña como lo haría la Guerra Civil, pero sí tuvo un efecto curioso en la academia: llegaron alumnos alemanes que huían de la brutalidad del conflicto en su país. Más de un siglo antes de que existiera la expresión «estudiante internacional», la academia ya tenía unos cuantos.
La Guerra Civil: La Floresta y una enfermería
Con el estallido de la Guerra Civil, el señor Guiu se trasladó a La Floresta buscando un entorno más seguro, y allí continuó su trabajo.
Su hijo, Francisco Guiu, fue al frente republicano y acabó en un campo de concentración. Sobrevivió, cuenta la familia, porque no dejó de hacer lo único que sabía hacer: dio clases en la enfermería del campo, enseñando a escribir, a sumar y a restar a sus propios represores.
Es el episodio que mejor resume de dónde viene esta academia.
Los años cuarenta: calle Aragón
Terminada la guerra llegó la dictadura, particularmente dura en Cataluña. La familia siguió dando clases y en los años cuarenta la academia se trasladó a la calle Aragón.
En esa etapa enseñaron en sus aulas catedráticos de prestigio: Enric Guitón, de la Escuela de Ingenieros de Barcelona, y Pere Viader, que participó en el diseño y la construcción de las fuentes de Montjuïc.
El cambio que lo salvó: de las ingenierías a la Selectividad
Y entonces llegó el momento en que casi se acabó todo.
El cambio de los planes de estudio de ingeniería —la transición del plan 57 al plan 64— vació las aulas. La especialidad que había sostenido la academia durante décadas dejó de tener demanda de un curso para otro.
La respuesta fue rediseñar el modelo: una transición gradual hacia la preparación de la Selectividad, abriendo materias nuevas, buscando profesores de otras especialidades y creando cursos para estudiantes internacionales que quisieran formarse en Barcelona.
Esa decisión es la razón de que la academia siga existiendo. Y explica por qué hoy sigue haciendo lo mismo: los cursos de Selectividad y los cursos para estudiantes internacionales vienen de ahí.
Hasta hoy
Con la apertura del centro de Rambla Catalunya, Manuel Guiu gestionó la academia junto a su hijo Jordi Guiu, hasta jubilarse y dejarla en sus manos.
«Veo que la Academia se encuentra estable. Aunque los principios no fueron fáciles, gracias al boca a boca, las recomendaciones de las universidades y nuestra profesionalidad, hemos llevado a la Academia Guiu al éxito.»
Ciento treinta y cuatro años después de aquella primera aula de la calle Pelayo, sigue siendo un negocio familiar que hace lo que hacía el fundador: dar clase.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se fundó la Academia Guiu?
En 1892, en la calle Pelayo de Barcelona, por Manuel Guiu Casanova, licenciado en ciencias y autor de varios libros de matemáticas.
¿A qué se dedicaba la academia al principio?
A preparar ingenieros y arquitectos. La especialización en la Selectividad llegó mucho después, tras el cambio de los planes de estudio de ingeniería en los años sesenta.
¿Sigue siendo una empresa familiar?
Sí. La dirección ha pasado de generación en generación desde el fundador hasta hoy.
¿Por dónde ha pasado la academia?
Calle Pelayo en sus inicios, después Passeig de Gràcia, calle Aragón a partir de los años cuarenta y más tarde Rambla Catalunya.


